miércoles, 15 de septiembre de 2010

“La participación de COLIMA en las luchas por la Independencia”

Comentarios realizados por Miguel Chávez Michel al libro de Abelardo Ahumada, en evento verificado en la “Casa de la Cultura” de la Ciudad de Colima, el martes 14 de septiembre de 2010.

Amigos Todos.

Para el de la voz, por tres razones, me es gratamente placentero, participar en esta mesa, al lado de estudiosos profesionistas e inteligentes amigos, para compartirles mis modestos comentarios, al libro, por cierto, bien redactado y cuidadosamente documentado, que aquí y ahora, nos presenta Abelardo Ahumada.

La primera, se circunscribe a la mayúscula estimación y solidario afecto, que me vinculan con el autor; la segunda, de especial emoción, por obsequiarme la oportunidad de compartir con el amigo, su meritorio esfuerzo de publicar un nuevo texto a su ya abundante creación intelectual y editorial; la tercera, no menos importante, y ciertamente, tema central de la obra que se reseña, por considerar, esta convocación, ocasión propicia, para que juntos reflexionemos sobre las circunstancias, contextos, tramas, argumentos y pretextos, de la suma de acontecimientos de índole socio-política, económica, educativa, militar, religiosa y cultural, sucedidos en el primer tercio del siglo XIX, en los que, activamente participaron los habitantes del entonces Partido de Colima que formaba parte de la otrora Intendencia de Guadalajara.

Antes de entrar en materia, como preámbulo a mi glosa, permítaseme dar cuenta de la existencia de una importante fuente documental impresa en 1911. En efecto, Hace noventa y nueve años, en el marco, de lo que denominaron el “Centenario de la última guerra colimense a favor de la Independencia Nacional”, la imprenta del Gobierno del Estado, editó, en dos tomos, el libro “Colima y la Guerra de Independencia”, selecta compilación de documentos privados y oficiales sobre los principales acontecimientos político - militares que ocurrieron en el hoy Estado Libre y Soberano de Colima, desde el Grito de Dolores arengado por Hidalgo en 1910, hasta la entrada triunfal del ejército Trigarante a la ciudad de México en 1821.

Esta excelente colección, pionera en evidencias documentales de nuestra microhistoria y que discretamente, solo se conserva en archivos y bibliotecas especializadas, fue compilada por Don José María Rodríguez Castellanos, reconocido archivista colimense y prologada por el Pbro. Tiburcio Aguilar, con lo que se demuestra, la participación de insignes colimenses en la en la lucha armada en comento.

Hago referencia a este antecedente bibliográfico, para reconocer en Abelardo Ahumado su diligente profesionalismo y puntual honestidad intelectual, al citar, en su narrativa, sus fuentes informativas, entre otras, las instrumentales contenidas en el compendio ya mencionado.

Así, “La participación de Colima en las luchas de Independencia” está conformado por 6 capítulos, en los que el autor, siguiendo un orden cronológico, nos describe, paso a paso, cómo fue que Colima y su gente, se vieron envueltos en acontecimientos locales, regionales y nacionales, en los que, primero, la polémica suscitada por haberlos segregado de Valladolid para anexarlos a la Intendencia de Guadalajara y posteriormente, el debate por su autonomía para libertarse del naciente Estado de Jalisco. En su narrativa, Abelardo Ahumada, en forma muy didáctica, contextualiza los acontecimientos locales en un escenario regional y, previo análisis de las circunstancias de la época, explica, la actuación de nuestros paisanos en el proceso de desaparición del virreinato y la consolidación de México como país independiente.

En esta tesitura, me corresponde analizar el capítulo tercero “Vientos de Libertad”, en el que, con su estilo ameno, el autor, a través de su lectura, nos invita a estudiar con mayor profundidad la lucha de nuestros próceres locales y las fuentes documentales en las que sustenta su investigación, hasta hoy, solo conocidas por especialistas.

Avanzando en paralelo con los sentimientos de animadversión crecientes que algunos criollos valoraban en sus propias regiones, en este capítulo, el escritor, inicia su examen, con la invasión napoleónica en la península ibérica y su impacto en la Nueva España. Momentos difíciles y, no menos inciertos, avivados por el derrocamiento del Virrey Iturrigaray, que agudizaron los vientos independentistas y que tuvieron sus repercusiones en la Nueva Galicia. Consecuentemente, sus efectos, quebrantaron la cotidianidad de los habitantes de Colima.

En este orden de ideas, no obstante la precaria situación de los caminos, de ese entonces, las noticias, muchas veces confusas, a una velocidad record, eran conocidas por los habitantes de Colima. Argumento: a tan solo tres días de haberse descubierto la conspiración de Querétaro, el 19 de septiembre de 1810, Don Roque Abarca, Gobernador de la Intendencia de Guadalajara, envió una carta a Don Juan Linares, subdelegado de Colima, “…conminándole a visitar con frecuencia los mesones para estar bien enterado de quienes salían o entraban a la Villa, con la instrucción complementaria de realizar rondas nocturnas con la policía y reportar cualquier persona o movimiento sospechoso…”

De igual manera, cumpliendo instrucciones superiores, las autoridades locales, fijaron en los parajes públicos acostumbrados las primeras providencias del Gobernador de Guadalajara en contra del movimiento iniciado por Don Miguel Hidalgo y Costilla.

Además, para combatir a los insurrectos, con mandatos similares, el Subdelegado Juan Linares y el Comandante Francisco Guerrero del Espinal, recibieron órdenes para organizar seis compañías, más una de Coahuayana para integrar las milicias de Colima que a su vez formarían parte de la segunda división del sur de la Intendencia de Guadalajara.

Aunque imprecisas, grande debió de haber sido la diversidad de opiniones que provocaron estas informaciones, por un lado, las autoridades y peninsulares, en su mayoría, con extraordinaria celeridad se organizaron para defender sus privilegios. Por el otro, con el mismo apremio, se activaron las conciencias de animosidad en contra del régimen virreinal, principalmente, entre aquellos que, con cautela, se encontraban inconformes del sistema opresor.

Sobre este particular, cito al autor: “…Con este tipo de noticias y de órdenes… es fácil imaginar los reniegos que se provocaron entre quienes estaban siendo convocados a tomar las armas, así como de quienes fueron requeridos para aportar los recursos necesarios para pólvora y vituallas…” (Concluye la cita).

Ejemplo de lo anterior, con una resumida carta, fechada el 30 de septiembre de 1810, Pedro Regalado Llamas, comunicó a su suegro Don Francisco Covarrubias, que se iba a la “guerra o compaña a que nos llevan”; con ello, el autor advierte, el porqué, el insigne colimense, tres meses más tarde, se pasa a las filas de la insurgencia.

Situación comparable, debió de haber experimentado el español Don Francisco Guerrero del Espinal, quien, de llevar un existencia tranquila y colmada de privilegios, que las autoridades y paisanos le dispensaban por el solo hecho de administrar, desde 1792, las haciendas propiedad de los herederos del Conde Regla Don Pedro Romero de Terreros, tal vez, desde otra óptica, también se vio obligado a tomar las armas, en donde, poco después, perdió la vida.

En esta vertiente local, los garantes del orden imperante, además de realizar los preparativos para la defensa de Colima, el primero de octubre de 1810, al mando Don Francisco Guerrero del Espinal, salieron de la Villa de Colima, rumbo a Guadalajara, llevando cerca de 500 hombres. En tanto que, en la región, continuaron las censuras eclesiásticas y la difusión de la excomunión en contra del Padre Hidalgo y sus seguidores.

A su vez, con diferente orientación, los adictos al padre José Antonio Díaz, para analizar los hechos y según, su posterior confesión “…para defender al rey...”, sus casas, sus tierras y sus familias, el domingo 7 de octubre, Pedro José Guzmán, “Alcalde de la República de indios de Almoloyan” se reunió con los principales del pueblo y de escribano “Juan Santos Cruz” y resolvieron enviar mensajes a sus “…consanguíneos de los pueblos de Comala, Zacualpan, Juluapan, Coquimatlán, Tecomán, Tamala, Ixtlahuacán y Cautlán, para reunirse dos días más tarde, rogándoles, que cada uno de los pueblos se viniesen acompañados por dos o tres ayudantes …”. El correo fue interceptado en Juluapan, lo que propicio, que el mismo día, se verificará una segunda reunión en el cementerio del ex convento de San Francisco. Para frustrar su posible rebelión, los participantes fueron aprendidos y posteriormente, por mediación el Padre Francisco Vicente Ramírez de Oliva, se les dejó en libertad pero vigilados.

Equidistante a los acontecimientos que se desarrollaban en Colima, El Padre Hidalgo comisionó a José Antonio Torres Alias “El Amo” para que levantara en armas “…los pueblos de Colima y las comarcas de Sayula y Zacoalco…” A su vez, en Guadalajara, las autoridades crearon la Junta Superior de Gobierno, Seguridad y Defensa, cuyo principal propósito fue el de proteger la ciudad y atacar a los grupos rebeldes que comenzaron a proliferar en todo el occidente del virreinato.

Posterior a los triunfos insurgentes en Sahuayo, entre el 4 y el 6 de noviembre “El amo Torres” derrota en la batalla de Zacoalco al regimiento nombrado “la cruzada”, organizado por el Obispo Cabañas, en la que, los reclutas realistas de Colima, salieron muy mal librados.

Por su parte, el 8 de noviembre de 1810, cumpliendo instrucciones de su padre, José Antonio Torres (hijo) y Rafael Arteaga tomaron sin dificultad la Villa de Colima, misma que fue recuperada por el ejército virreinal en abril de 1811, sin que se disparara un solo tiro. Durante el eventual dominio de los insurgentes en Colima, se integraron a la causa muchos paisanos que llegaron a figurar como cabecillas, entre otros Manuel Regalado (tío de Pedro Regalado), José Calixto Martínez, Ignacio Sandoval, el Lego Gallaga, el Cura José María Venegas, Cadenas, Fermín Ortiz y Antonio Béjar.

Invitándolos a recrearse en la lectura de este excelente libro, por razones de tiempo, no me detendré en los variados incidentes que se presentaron durante la corta estancia de los insurrectos en Colima y su fatal desenlace. Corresponderá a mis compañeros comentaristas glosarles la entrada triunfal de los insurgentes a Guadalajara, su derrota en el puente de Calderón y la dispersión generalizada de los insurrectos.

Antes de cerrar mi intervención, a manera de conclusión, permítaseme una breve reflexión:

Gracias a la visión imparcial y conciliadora de Abelardo Ahumada, que como buen académico, sin tomar partido, y más aún, sin denostar o vitorear con adjetivos persuasivos, a los actores de uno u otro bando, con original profesionalismo, solo a la claridad de las evidencias examinadas, en su narrativa, se concretiza al análisis objetivo de los hechos, contextos y circunstancias.

Por ello, en la lectura de este texto he comprendido con mayor claridad, que la guerra de independencia, no solo fue destrucción y muerte, de unos o de otros, sino que, además de propiciar la ruptura social imperante, fue un movimiento generador de sentimientos de identidad y pertenencia, en donde germinaron variados imaginarios colectivos, que a la luz del tiempo, nos dieron patria y libertad.

Inicialmente, con variadas inclinaciones, todos coincidieron en luchar por Fernando VII. Los realistas, orientaron sus querellas para preservar sus privilegios de origen peninsular; los insurgentes combatieron para extinguir las diferencias que los separaba de los peninsulares; los más, que indistintamente se sumaron o fueron reclutados en uno u otro bando, a través de la lucha fueron acentuando su origen étnico o geográfico, para tomar conciencia de hombres libres.

Así, más temprano que tarde, unos, primero, y otros después, en armonía con sus enfoques, necesidades, discernimientos, tiempos y los postulados políticos de la época, a lo largo de las hostilidades, gradualmente fueron cimentando la idea de construir una “nación americana” y con ello, se fueron fortaleciendo genuinos sentimientos independentistas, que dieron origen a la patria mexicana.

Por todo lo anterior, amigos Abelardo, comentaristas y público en general.

Felicidades y enhorabuena.

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